Nadie me preparó para la hospitalidad de Oriente Medio. Entrar a una casa y ser tratada como la invitada más importante, incluso cuando la familia apenas tiene para comer, es algo que te cambia por dentro. He recibido más de lo que he dado en estos dos años de misión.
En esta cultura, invitar a alguien a comer es un acto de confianza profunda. Jestis también lo entendía así: compartir la mesa era su forma favorita de hacer discipulado. He aprendido a no apresurarme, a no tener agenda cuando estoy sentada con una familia. El Espíritu Santo tiene sus propios tiempos, y suelen coincidir con la tercera taza de té.
Peticones de oración este mes:
"No vine a traer mi religión. Vine a mostrar el amor de Dios con mi vida. El resto es obra del Espíritu."